Llamado mundial

París, 19 de septiembre de 2012

En colaboración con un colectivo de socios, incluyendo miembros del Microfinance CEO Working Group (Accion, FINCA, Freedom from Hunger, Grameen Foundation USA, Opportunity International, Pro Mujer Internacional,VisionFund, y Women’s World Banking), Convergencias 2015 ha desarrollado el “Llamado Global por Microfinanzas Responsables”, un esfuerzo mundial para crear un impulso y compromiso a la inclusión financiera y las finanzas responsable.

Inicialmente lanzado como el “Llamado de París a la responsabilidad en las microfinanzas” en el 4º Foro anual de Convergencias 2015 en mayo de 2011 frente a tres mil participantes, el llamado sirve como una campaña de promoción y acción entre todos actores: el público en general, profesionales de las microfinanzas, inversionistas y políticos. En los 16 meses desde su lanzamiento, la industria ha dado pasos adicionales para desarrollar e instituir prácticas enfocadas hacia los clientes de microfinanzas. Este documento revisado – el Llamamiento Global por Microfinanzas Responsables – articula una visión para una industria plenamente responsable y sensible, y delinea un camino a seguir para todos los interesados.

Si, como nosotros y los 1.500 individuos y 500 organizaciones ya han firmado el Llamado de París a la responsabilidad en las microfinanzas, usted apoya los Objetivos de Desarrollo del Milenio y las microfinanzas como herramientas poderosas para el desarrollo económico y el alivio de la pobreza, firme “Llamado Global por Microfinanzas Responsables” en www.appeldeparis.org.

Tanto los individuos, beneficiarios, reguladores, inversores u operadores de microfinanzas, serán los muchos quienes apoyan el siguiente llamado. Hacemos un llamado a todos a unirnos en aprobar las siguientes afirmaciones sobre los valores fundamentales de las microfinanzas, y que comprometerse a aplicar prácticas responsables y reglas dentro de sus propias organizaciones.

Llamado mundial a la responsabilidad en las microfinanzas

El microcrédito ha sido una herramienta al servicio del desarrollo y la lucha contra la pobreza por casi 40 años. En 2010, según la Microcredit Summit Campaign[1], 205 millones de personas pobres de más de 80 países en vías de desarrollo, más del 75% mujeres, han recibido un préstamo para crear o desarrollar una actividad generadora de ingresos. Los importes son pequeños y aumentan gradualmente a medida que el prestatario cumple con diferentes ciclos de préstamo sin incidentes de reembolso. Las tasas de interés siguen siendo relativamente altas, pero esto es en gran medida explicable por el alto nivel de gastos de funcionamiento necesarios para conceder créditos pequeños a un gran número de prestatarios. Los métodos de distribución, calendarios de pago y políticas de garantía se adaptan a la capacidad de reembolso de los prestatarios y su muy bajo nivel de conocimientos financieros.

Actualmente, las microfinanzas se extienden mucho más allá del microcrédito para abarcar una gama completa de servicios financieros simples y accesibles tales como ahorro, pagos, transferencias de dinero, seguro y crédito. Sigue habiendo avances beneficiosos que empujan las fronteras de las microfinanzas, como el uso de tecnología móvil para extender el acceso a residentes de zonas rurales. A pesar de su rápido desarrollo, las microfinanzas aún llegan sólo a una pequeña fracción de los potenciales beneficiarios: según algunas estimaciones, hay hasta 2,700 millones de personas desconectadas de los servicios financieros formales[2].

Ampliamente extendidas en los países emergentes y en vías de desarrollo, las microfinanzas se han introducido recientemente en los países desarrollados como respuesta a la exclusión bancaria que afecta a las poblaciones marginadas social y financieramente, y han sido reconocidas como forma de promover el crecimiento del autoempleo, y la formación y el desarrollo de microempresas.

Las actividades microfinancieras se han extendido a nivel mundial a través de miles de instituciones especializadas de muy diverso tamaño y condición. Tales instituciones desempeñan a menudo un papel social que trasciende el de su función financiera. Contribuyen a la construcción de una sociedad civil más consciente de sus derechos y más confiada en sus propias fuerzas, a la promoción de la mujer en la vida económica y a la implementación de programas educativos y de salud. Algunas instituciones desarrollan las microfinanzas para poblaciones muy precarias; su objetivo principal es la lucha contra la pobreza y el apoyo a los prestatarios mediante servicios no financieros como asesoramiento, capacitación y apoyo social.

Las microfinanzas hacen una aportación fundamental y original a las cuestiones de desarrollo. Los microcréditos, por ejemplo, son muy adecuados para estimular las microactividades comerciales, artesanales y, en cierta medida, agrícolas. Los servicios financieros son instrumentos fundamentales que contribuyen a que las personas administren sus negocios, hagan frente a flujos inesperados de efectivo y paguen gastos como emergencias de salud y educación. No obstante, las microfinanzas no son un sustituto de las políticas públicas de seguridad social ni del desarrollo de infraestructuras necesarias para la salud y la educación. Sí pueden, sin embargo, mejorar la eficiencia de dichas políticas y programas aprovechando su amplia red en los sectores más desfavorecidos y las zonas rurales más alejadas. También pueden crear fuentes de recursos con que las familias de bajos ingresos pueden pagar los gastos escolares y de cuidado de la salud.

Estos beneficios directos o inducidos explican el éxito de las microfinanzas, su rápida difusión en más de 80 países en vías de desarrollo, así como el reconocimiento internacional que han recibido, en particular durante el Año Internacional del Microcrédito 2005, y el Premio Nobel de la Paz para el Profesor M. Yunus y el Grameen Bank en 2006.

El impacto de las microfinanzas ha sido objeto de numerosos estudios académicos que han destacado la importancia de los servicios financieros para reducir la vulnerabilidad de las poblaciones de bajos ingresos. La evidencia sobre su impacto en la reducción de la pobreza varía dependiendo de las regiones y tipos de productos financieros ofrecidos. Los estudios de investigación aún continúan para comprender mejor estos fenómenos.

Frente a estos antecedentes promisorios, algunas instituciones microfinancieras han puesto énfasis en el crecimiento rápido de la clientela, bajo riesgo de debilitar las relaciones de proximidad y confianza que son la base de su modelo económico. Han aumentado sus carteras de créditos a un ritmo muy rápido, bajo riesgo de debilitar la implementación de ciclos de financiación progresivos, la disciplina de reembolso y la atención al tipo de actividades financiadas. Para refinanciar sus crecientes carteras de crédito, algunas instituciones contrajeron deudas excesivas o se expusieron a riesgos relacionados con el cambio de divisas que están más allá de su control. En algunos países las instituciones incumplieron con sus obligaciones de pago, algo que a veces se vio agravado por interferencia política, como en el caso de la India y Nicaragua. Al tomar estas medidas, algunas organizaciones perdieron el enfoque en el interés de los clientes. En varios casos éstos, al verse afectados, implementaron políticas reactivas y medidas reguladoras. Estos verdaderos excesos, no obstante, han sido contenidos. Más aun, las medidas necesarias para impedir que esto se repita están relativamente bien definidas:

  • Fortalecer la capacidad de las instituciones, en particular en lo relativo a gobernanza, controles internos, gestión de riesgos, sistemas de información y capacitación de los agentes de crédito;
  • Buscar un crecimiento más sostenible y mejor distribuido geográficamente, acompañado por mecanismos de control del endeudamiento excesivo como agencias de informe crediticio;
  • Mejorar el marco regulador, en particular las normas prudenciales, y reforzar la supervisión.

Además del riesgo institucional, la industria debe reconocer el grave riesgo para la reputación en que se incurre cuando se busca crecer a toda costa. Las microfinanzas se han propuesto desde el principio servir a las poblaciones vulnerables, de bajos ingresos. Este mercado objetivo requiere mayor conciencia ética y acción para asegurar que los productos y servicios de la industria añadan en última instancia valor a las vidas de los clientes. Cuando las instituciones adoptan estrategias de desarrollo demasiado agresivas, cobran tasas de interés excesivas y aplican políticas de recuperación abusivas, desprestigian al propio modelo de las microfinanzas.

En los últimos años, la industria mundial de las microfinanzas ha trabajado para aumentar la conciencia y establecer salvaguardias de finanzas responsables y centradas en el cliente. Algunos esfuerzos importantes son:

  • En el frente de protección del cliente, se está llevando a cabo la campaña Smart Campaign a nivel mundial[3] para mejorar los productos y las prácticas. La Smart Campaign representa una iniciativa sin precedentes, dirigida por la propia industria, para incorporar una serie de principios de protección del cliente a nuestras prácticas y cultura. Este año la campaña lanzará un programa de certificación por medio del cual las instituciones microfinancieras pueden demostrar su adhesión a los principios.
  • La organización MFTransparency[4] ha permitido que la industria demuestre su compromiso con la transparencia en los precios publicando datos de más de 400 instituciones microfinancieras en 17 países. MFT también ha probado ser una plataforma importante para educar a las IMF, los inversionistas y el público.
  • A través del Grupo de Tareas de Desempeño Social (Social Performance Task Force, SPTF)[5] y de MIX[6], se han desarrollado indicadores estandarizados de desempeño social y más de 400 instituciones microfinancieras los han integrado a sus informes. El SPTF también anunció recientemente los Estándares Universales para la Gestión del Desempeño Social (Universal Standards for Social Performance Management, USSPM), que establecen pautas generales para un fuerte rendimiento social, un hito para la industria de las microfinanzas.
  • Con el apoyo de organismos del sector público se han creado agencias especializadas que, aparte de las calificaciones financieras, emiten más de 200 calificaciones sociales cada año. 
  • Se han desarrollado herramientas específicas para ayudar a las IMF a medir su alcance a los sectores pobres (PPI[7] y PAT[8]).
  • Para las organizaciones cuyas misiones hacen hincapié en la mitigación de la pobreza, Microcredit Summit está preparando un Sello de Excelencia por Cobertura de la pobreza y transformación de las microfinanzas, como inspiración y reconocimiento de los logros de las microfinanzas.
  • En el sector de las regulaciones, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha publicado una serie de recomendaciones para la supervisión de las instituciones de microfinanzas que movilizan los ahorros. Asimismo, más de 80 países han firmado la “Declaración Maya sobre Inclusión Financiera” de la Alianza para la inclusión financiera, comprometiéndose a promulgar políticas que permitan la expansión de las oportunidades económicas.

Estas iniciativas representan esfuerzos serios, en gran parte impulsados por la propia industria, por promover servicios microfinancieros que protejan y beneficien a los clientes. Sin embargo, muchos permanecen en sus etapas iniciales; hace falta una acción continuada para integrarlas plenamente en la industria de las microfinanzas a fin de prevenir crisis futuras o desvíos de la misión y para propiciar microfinanzas responsables. Se necesita impulso político e iniciativa a nivel mundial para mejorar la confianza en las microfinanzas y emprender nuevas vías de desarrollo.

Para cumplir de lleno con su objetivo, la iniciativa mundial debe involucrar a los principales actores en las microfinanzas, desde instituciones en campo y sus asociaciones nacionales o regionales, hasta proveedores de capital y de servicios especializados, agencias internacionales y organismos de regulación y supervisión.

De hecho, las microfinanzas no han seguido un modelo único en el curso de su rápido desarrollo, sino que se han adaptado a las condiciones de cada país. Algunas instituciones están más enfocadas en la reducción de la pobreza mientras que otras están comprometidas principalmente con la inclusión financiera. Algunas instituciones se plantean incluso metas triples fijándose objetivos sociales y ambientales, además de económicos. Otras se definen como empresas sociales y reinvierten toda la ganancia en la institución para extender su alcance y diversificar su gama de servicios. La diversidad de estados legales sigue siendo considerable. Esta diversidad es un bien valioso que debe preservarse, pero en un mundo globalizado e interconectado, no debe interponerse a una serie de principios y pautas básicos que son necesarios para mantener la confianza del público y confirmar un crecimiento sostenible y responsable.

Estos principios y pautas deben cubrir lo siguiente:

  1. Las IMF sirven a los clientes de una manera responsable. Las instituciones microfinancieras deben aplicar los principios de protección del cliente de la Smart Campaign y adherir a un alto nivel de transparencia de precios y equidad como el promovido por MFTransparency. Estas iniciativas representan algunas de las mejores ideas de la industria para proteger los intereses de los clientes. Las organizaciones que hacen suyas y cooperan con estas iniciativas pueden incorporar las pautas a sus políticas, procedimientos, capacitación del personal, marketing, etc. Cada interacción con un cliente debe reflejar estos estándares altos, que son la base de las finanzas responsables.
  2. Las IMF impulsan los Estándares Universales para la Gestión del Desempeño Social. Estos estándares fueron desarrolladas con un amplio consenso de la industria y ahora la tarea es determinar cómo llevarlas a la práctica. La búsqueda de un desempeño social eficaz tiene sus raíces en la preocupación constante por llegar a poblaciones excluidas y de bajos ingresos ofreciendo servicios que contribuyan a mejorar la calidad de vida de nuestros clientes de una amplia variedad de maneras. Por ejemplo, llegar a poblaciones distantes y excluidas con una amplia gama de productos financieros y desarrollando servicios no financieros. Las instituciones deben asegurar que su misión social y sus indicadores pertinentes estén integrados a sus operaciones y deben informar sistemáticamente acerca del desempeño social y tomar decisiones a la luz de estos indicadores.
  3. Las IMF operan con gobernanza sólida y responsabilidad financiera. Las instituciones microfinancieras pueden desarrollarse en forma sostenible sólo si inspiran confianza mediante una gestión eficaz, un buen control del riesgo y sistemas eficientes de información, control y auditoría. Estos sistemas deben estar abiertos a la supervisión externa y deben calificarse con métodos transparentes y objetivos.
  4. Los reguladores y los encargados de formular políticas apoyan la eficiencia en las microfinanzas. En muchos países, las IMF aún carecen de regulaciones claras y adecuadas. Los legisladores y reguladores tienen la responsabilidad de promover un ambiente que permita la expansión de servicios responsables y eficaces a sus ciudadanos. Los compromisos tienen que ir más allá de las declaraciones de apoyo, deben esbozar planes de fomento a las microfinanzas completos, con indicadores. Las asociaciones de microfinanzas nacionales y regionales deben estar dispuestas a entablar un diálogo con los responsables de formular políticas sobre la base de las pautas del Llamado mundial, a fin de establecer normas y procedimientos dirigidos a crear un marco regulador sólido y proporcional.
  5. Los inversores en Microfinanza respetan los Principios para Inversores en Finanzas Inclusivas.[9] Los inversores especializados en las microfinanzas tienen el deber de actuar con el respeto debido hacia los intereses a largo plazo de las instituciones que apoyan, y de plantearse como objetivo la independencia financiera. Esta visión se basa en el cumplimiento de un código de conducta de los inversores tal como los Principios para inversores en finanzas inclusivas, creado con el apoyo de la organización PRI de la ONU. Además de confirmar el compromiso de los inversores con los Principios de protección del cliente y USSPM, estos principios aseguran que los inversores traten a las instituciones beneficiarias y a los demás inversores de acuerdo a estándares de conducta comercial ética y beneficiosa. Por ejemplo, tienen el fin de garantizar que las condiciones de sus inversiones, en especial las relativas a duración y garantía, cumplan con los estándares de calidad, que las tarifas y comisiones sean moderadas, y que la ayuda ofrecida no exponga a las instituciones financiadas a un riesgo no razonable relacionado con el tipo de cambio de divisas.
  6. Los investigadores contribuyen a que la industria de las microfinanzas aprenda. Los académicos e investigadores deben intensificar el diálogo con el sector de las microfinanzas. Tienen que seguir realizando estudios objetivos teniendo en cuenta la diversidad de los contextos locales. También se los anima a difundir ampliamente las conclusiones.
  7. Los donantes, las instituciones financieras internacionales y las fundaciones apoyan a la industria y extienden las fronteras. Los donantes y las fundaciones cumplen un papel fundamental en la promoción de las buenas prácticas, el fomento a la innovación y el apoyo a la expansión y la diversificación de las actividades microfinancieras. Los programas de ayuda deben tratar de llegar a los países, segmentos de la población y los sectores económicos más desfavorecidos, donde las microfinanzas pueden contribuir al desarrollo económico y social, por ejemplo, el sector agrícola y los grupos marginados de África subsahariana. Debe prestarse especial atención a los servicios no financieros como consejería y educación. Estas prioridades de acción podrían definirse en un documento que siente las bases de orientación a mediano plazo, las cuales debe ser respetadas por las principales instituciones financieras internacionales, las agencias de la ONU, los bancos de desarrollo y los organismos de cooperación.

Estamos seguros de que la gran mayoría de los participantes de la industria de las microfinanzas están de acuerdo con estos principios y se comprometen a respetar el interés del cliente en la teoría y la práctica. Creemos, sin embargo, que se deben dar a conocer planes y compromisos detallados a fin de que la industria y nosotros asumamos nuestras responsabilidades.

La industria cuenta con muchas herramientas necesarias para implementar prácticas microfinancieras responsables a todos los niveles. Ahora les toca utilizarlas a las instituciones microfinancieras y las organizaciones que las apoyan.

Teniendo en cuenta la diversidad de misiones y estructuras organizativas, los signatarios del Llamado mundial a la responsabilidad en las microfinanzas se comprometen a cumplir con estos principios y a pedir que, durante el próximo año y para el 31 de diciembre de 2013, todas las partes interesadas en las microfinanzas hagan compromisos mensurables y con plazos establecidos para incorporar los principios pertinentes a sus organizaciones y sus prácticas.

Los signatarios del Llamado mundial a la responsabilidad en las microfinanzas y Convergences 2015
París, 19 de septiembre de 2012
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[1] www.microcreditsummit.org/state_of_the_campaign_report/
[2] CGAP, “Financial Access 2009: Measuring Access to Financial Services around the World,” septiembre de 2009, www.cgap.org/gm/document-1.9.38735/FA2009.pdf.
[3] www.smartcampaign.org
[4] www.mftransparency.org
[5] www.sptf.info
[6] www.themix.org
[7] El Índice de progreso en salir de la pobreza (“Progress out of Poverty Index ” o PPI) es una herramienta práctica para evaluar la probabilidad de que un hogar esté por debajo del umbral de pobreza. Este índice ahora está disponible para 45 países.
[8] La herramienta de evaluación de la pobreza difiere de la herramienta PPI en que considera cómo evoluciona con el tiempo un grupo objetivo, comparando la puntuación obtenida en el transcurso de los años sin la noción d
el nivel de pobreza.
[9] www.unpri.org/piif/